[OLD] KATAMARI DAMACY REROLL EN NINTENDO SWITCH
ENERO 24, 2019 EMILIO DOLAN
Una sutil revisión son motivos suficientes para traer a una de las obras más extrañas y bellas que pueden adquirir en todo el medio. Es que si de videojuegos hablamos, la palabra “único” no puede sentarle más justa y precisa, en esta locura que los de NAMCO titularon Katamari Damacy, ahora en su versión definitiva: Reroll.
Aquí hay una dualidad de experiencias posibles al volver a este título o al tratarse de una situación inédita como jugadores. Los que ya habíamos pasado por él en su tiempo, allá a mediados de la década 2000 en PS2 (PlayStation2, sexta generación en los videojuegos, contemporánea a GameCube y DreamCast ya en vías de extinción) seremos invadidos por un factor nostalgia muy fuerte, al mismo tiempo de revivir aquello con un apartado visual realmente cuidado y que cada acorde de canción (ya desde la propia presentación) nos parezca tan actual y extraña como si los años no le hubiesen hecho ni un rasguño. En cambio a quienes se les escapo esta joya, se van a encontrar con un juego realmente distinto, con mecánicas nunca antes vistas y un nivel freaky digno de encabezar un podio.
UN KATAMARI DE IDEAS
Creatividad es sinónimo de Katamari Damacy, el conjunto de ideas que acumula es tan grande como su objetivo jugable, el de alcanzar enormes sumas de cositas domésticas (desde las más mínimas que se les pueda ocurrir) hasta edificios a escala, más aún, grandes torres, barcos y aviones, pero dejo que vean eso con sus propios ojos, la sorpresa de lo que llega a acumularse les será algo inolvidable.
¿Y de qué va el asunto entonces? ¿acumular? Si y no, encarnamos a un pequeño personaje, pacífico y tierno, que es quien mueve esta suerte de átomo en la cual se nos adhieren los ítems que están desperdigados en el desorden organizado de cada nivel, muy variados entre sí y con distintos objetivos (acumular un número en metros, conseguir un objeto especifico en relación a una constelación como pueden ser peces en piscis, o pares de gemelos en referencia a géminis, al mismo tiempo que puede tratarse de acumular todo menos un objeto específico para por fin adquirir la mejor expresión de dicho objeto: un toro gigante para la creación de gran constelación de tauro o un cartón de leche con la imagen de una vaca, siendo esta última la que te deje en ridículo por tan mala hazaña en tu misión asignada.
Los objetivos son pruebas que recibe de forma contante nuestro protagonista, el “Príncipe del universo” bajo la orden de nada más y nada menos que el “Rey de todo el cosmos”, quien volando por el universo en estado de ebriedad, desordenó todo. Para remendar su acto, nos manda a nosotros a recolectar objetos de la tierra para por fin dispararlos hacia las estrellas tapando baches del cosmos y creando nuevas constelaciones. No sin antes, durante y después de cada mandado, darnos discursos, exigirnos más, ridiculizarnos y en ocasiones, agradecernos, pero de mala manera.
En medio de este disparate digno de aplausos, vamos desbloqueando unas cinemáticas divididas en pequeños cortometrajes con una estética tan particular como el propio concepto de este juego, que con diálogos muy mínimos y hasta incoherentes, nos dan la cuota de intriga justa para seguir ampliando más y más en ellos. A esta altura de la nota, puedo asegurar que eras un usuario curioso y que las ideas extrañas te son muy atractivas.
(...) "la banda de sonido de este juego es sublime, es un universo en sí mismo, no tiene desperdicio."
Emilio Dolan
En cuestiones de género, más allá de que merece ser uno propio, estamos ante un plataforma en 3D, con tantos o más ítems que un RPG (es que todo objeto que hace al Katamari esta diferenciado y detallado en un menú del juego, para hacer coleccionismo de ellos) donde la destreza y concentración juegan el papel principal. Los limites de tiempo y las decisiones en cuanto a caminos a seguir para acumular en un orden correcto y llegar a las pretensiones del “Rey” pueden volverse desafíos muy frustrantes, sobre todo tras ver que 15 minutos o más no te alcanzaron para crear el metraje de la esfera. Sin embargo, repetir los niveles tiene el plus de volver a escuchar sus canciones, que tras 15 minutos de repetirse a modo de loop, siguen siendo alucinantes.
Aquí el apartado que más destaco de todos, la banda de sonido de este juego es sublime, es un universo en sí mismo, no tiene desperdicio.
La apertura a cargo de Yū Miyake ya es una pieza particular, la firma de este autor se repite en varias canciones a lo largo de los niveles, destaco Fugue utilizada en interludios. Pero otras composiciones como Lonely Rolling Star de Yoshihito Yano, Gin & Tonic & Red Red Roses/Que sera sera de Asuka Sakai, son delicias que van del electro-pop al jazz, pasando por la bossa y géneros musicales inclasificables. Cherry Blossom Color Season de Yū Miyake directamente toca el cielo.
Para concluir y quitarles un poco de la dulzura que me genera Katamari Damacy, les comento que esta versión Reroll no treae grandes novedades respecto a su antecesora, pero si añade las prestaciones propias del Switch, que hacen de su versión portable la más destacada de todas, y que incluye un modo multiplayer local que a 2 joycons y pantalla del Switch sobre la mesa, serán una experiecia preciosa.
Puntos negativos que puedo añadir, pero que no lo merece, es que se repiten algunos niveles con misiones distintas, que puedes escuchar alguna canción repetida también y que en ciertos puntos del tamaño del Katamari, te puedes trabar y se te complique un poco salir de ese aprieto, nada que en definitiva no defina la dificultad del mismo. Mas allá de estos pocos aspectos negativos, pueden obviarlos y en consecuencia no dejar pasar esta oportunidad de tenerlo en sus Nintendo Switch y llevarse el que sera uno de sus juegos favoritos de toda su trayectoria como jugadores.
Una sutil revisión son motivos suficientes para traer a una de las obras más extrañas y bellas que pueden adquirir en todo el medio. Es que si de videojuegos hablamos, la palabra “único” no puede sentarle más justa y precisa, en esta locura que los de NAMCO titularon Katamari Damacy, ahora en su versión definitiva: Reroll.
Aquí hay una dualidad de experiencias posibles al volver a este título o al tratarse de una situación inédita como jugadores. Los que ya habíamos pasado por él en su tiempo, allá a mediados de la década 2000 en PS2 (PlayStation2, sexta generación en los videojuegos, contemporánea a GameCube y DreamCast ya en vías de extinción) seremos invadidos por un factor nostalgia muy fuerte, al mismo tiempo de revivir aquello con un apartado visual realmente cuidado y que cada acorde de canción (ya desde la propia presentación) nos parezca tan actual y extraña como si los años no le hubiesen hecho ni un rasguño. En cambio a quienes se les escapo esta joya, se van a encontrar con un juego realmente distinto, con mecánicas nunca antes vistas y un nivel freaky digno de encabezar un podio.
UN KATAMARI DE IDEAS
Creatividad es sinónimo de Katamari Damacy, el conjunto de ideas que acumula es tan grande como su objetivo jugable, el de alcanzar enormes sumas de cositas domésticas (desde las más mínimas que se les pueda ocurrir) hasta edificios a escala, más aún, grandes torres, barcos y aviones, pero dejo que vean eso con sus propios ojos, la sorpresa de lo que llega a acumularse les será algo inolvidable.
¿Y de qué va el asunto entonces? ¿acumular? Si y no, encarnamos a un pequeño personaje, pacífico y tierno, que es quien mueve esta suerte de átomo en la cual se nos adhieren los ítems que están desperdigados en el desorden organizado de cada nivel, muy variados entre sí y con distintos objetivos (acumular un número en metros, conseguir un objeto especifico en relación a una constelación como pueden ser peces en piscis, o pares de gemelos en referencia a géminis, al mismo tiempo que puede tratarse de acumular todo menos un objeto específico para por fin adquirir la mejor expresión de dicho objeto: un toro gigante para la creación de gran constelación de tauro o un cartón de leche con la imagen de una vaca, siendo esta última la que te deje en ridículo por tan mala hazaña en tu misión asignada.
Los objetivos son pruebas que recibe de forma contante nuestro protagonista, el “Príncipe del universo” bajo la orden de nada más y nada menos que el “Rey de todo el cosmos”, quien volando por el universo en estado de ebriedad, desordenó todo. Para remendar su acto, nos manda a nosotros a recolectar objetos de la tierra para por fin dispararlos hacia las estrellas tapando baches del cosmos y creando nuevas constelaciones. No sin antes, durante y después de cada mandado, darnos discursos, exigirnos más, ridiculizarnos y en ocasiones, agradecernos, pero de mala manera.
En medio de este disparate digno de aplausos, vamos desbloqueando unas cinemáticas divididas en pequeños cortometrajes con una estética tan particular como el propio concepto de este juego, que con diálogos muy mínimos y hasta incoherentes, nos dan la cuota de intriga justa para seguir ampliando más y más en ellos. A esta altura de la nota, puedo asegurar que eras un usuario curioso y que las ideas extrañas te son muy atractivas.
(...) "la banda de sonido de este juego es sublime, es un universo en sí mismo, no tiene desperdicio."
Emilio Dolan
En cuestiones de género, más allá de que merece ser uno propio, estamos ante un plataforma en 3D, con tantos o más ítems que un RPG (es que todo objeto que hace al Katamari esta diferenciado y detallado en un menú del juego, para hacer coleccionismo de ellos) donde la destreza y concentración juegan el papel principal. Los limites de tiempo y las decisiones en cuanto a caminos a seguir para acumular en un orden correcto y llegar a las pretensiones del “Rey” pueden volverse desafíos muy frustrantes, sobre todo tras ver que 15 minutos o más no te alcanzaron para crear el metraje de la esfera. Sin embargo, repetir los niveles tiene el plus de volver a escuchar sus canciones, que tras 15 minutos de repetirse a modo de loop, siguen siendo alucinantes.
Aquí el apartado que más destaco de todos, la banda de sonido de este juego es sublime, es un universo en sí mismo, no tiene desperdicio.
La apertura a cargo de Yū Miyake ya es una pieza particular, la firma de este autor se repite en varias canciones a lo largo de los niveles, destaco Fugue utilizada en interludios. Pero otras composiciones como Lonely Rolling Star de Yoshihito Yano, Gin & Tonic & Red Red Roses/Que sera sera de Asuka Sakai, son delicias que van del electro-pop al jazz, pasando por la bossa y géneros musicales inclasificables. Cherry Blossom Color Season de Yū Miyake directamente toca el cielo.
Para concluir y quitarles un poco de la dulzura que me genera Katamari Damacy, les comento que esta versión Reroll no treae grandes novedades respecto a su antecesora, pero si añade las prestaciones propias del Switch, que hacen de su versión portable la más destacada de todas, y que incluye un modo multiplayer local que a 2 joycons y pantalla del Switch sobre la mesa, serán una experiecia preciosa.
Puntos negativos que puedo añadir, pero que no lo merece, es que se repiten algunos niveles con misiones distintas, que puedes escuchar alguna canción repetida también y que en ciertos puntos del tamaño del Katamari, te puedes trabar y se te complique un poco salir de ese aprieto, nada que en definitiva no defina la dificultad del mismo. Mas allá de estos pocos aspectos negativos, pueden obviarlos y en consecuencia no dejar pasar esta oportunidad de tenerlo en sus Nintendo Switch y llevarse el que sera uno de sus juegos favoritos de toda su trayectoria como jugadores.
Comentarios
Publicar un comentario
¿Qué te ha parecido este artículo? Me encantaría conocer tu opinión